• Psicólogas
  • Consultoras
  • Analistas
cargando

INTENSIDAD Y FRECUENCIA DE LA VIOLENCIA, ¿CÓMO TE AFECTAN?

Post Image

INTENSIDAD Y FRECUENCIA DE LA VIOLENCIA, ¿CÓMO TE AFECTAN?

Los efectos de la violencia pueden ser muy diversos para cada una de las personas que viven un episodio de este tipo. Aspectos individuales y características de la experiencia violenta median en el impacto en cada persona.
Toda experiencia de violencia deja una huella en la persona o personas que la viven. Pero esa huella no siempre es la misma. Las personas estamos expuestas a eventos violentos de diferentes intensidades y gravedades tanto en su vida personal como laboral. Centrándonos en el contexto laboral, dependiendo del puesto de trabajo y tarea, esta exposición es esperada en mayor o menor grado, y por lo tanto, se debería contar con diferentes herramientas de gestión de dichas situaciones y de los efectos que se generan.
Hoy nos centramos, siguiendo la propuesta de Carlos Sluzki, en analizar los diferentes efectos que puede tener el ser expuesto a una situación de violencia según dos aspectos: su temporalidad y su nivel de amenaza.
Sin duda estamos de acuerdo en que no genera el mismo impacto, vivir un episodio de violencia que aparece de forma abrupta, algo sobrevenido y puntual, que si esa violencia se da de forma reiterada en el tiempo. Por otro lado, también es relevante la gravedad de la violencia a la que se ha estado expuesto, qué grado de amenaza o riesgo se le ha asignado a la experiencia. Si bien este segundo aspecto es algo más subjetivo que el primero, se ha estudiado que existe consenso en la mayoría de las personas ante situaciones de violencia similares.

EXPERIENCIA AISLADA DE VIOLENCIA

Una experiencia aislada es aquella que aparece de forma sobrevenida, sin ser esperada y, por ello, quien la experimenta se ve afectado o afectada de una forma muy concreta. Es una situación que es poco previsible para la que probablemente no se esté preparado y poco coherente con el relato que esa persona tenga construida del mundo. Dependiendo del grado de amenaza percibido, esta generará un tipo de efecto u otro.
Nivel de amenaza leve
Una experiencia de violencia aislada percibida con un nivel leve de amenaza, probablemente genere en la persona que la recibe una sensación de extrañeza, le cueste entender el motivo de dicha situación. Si trabajas en Atención al Cliente y una persona a la que estás atendiendo se dirige a ti de forma inapropiada, es probable que te sorprenda esa actitud del cliente, te resulte incómodo y te genere lo que se denomina una disonancia cognitiva. Esta reacción aparece cuando la situación vivida no encaja con la experiencia de vida habitual de la persona, y la respuesta a esta conducta puede ser muy variada, desde no aceptarla y recriminar su actitud al cliente, hasta pasarlo por alto para evitar el conflicto, considerándolo algo puntual.
Nivel de amenaza moderada
Si se trata de una experiencia puntual de violencia, pero percibida con un nivel de gravedad media, la persona es muy posible que experimente una activación fisiológica compatible con un estado de alerta y vigilancia, que la predispone a una acción de huida o ataque. Si un profesional médico recibe por parte de un paciente un empujón en medio de una reclamación por lo que considera un trato inadecuado por su parte, de manera automática proyectará el posible desenlace y actuará en consonancia, bien huyendo de la situación, bien atacando para neutralizar la agresión.
Nivel de amenaza grave
Cuando se percibe que la experiencia compromete gravemente la integridad de la persona, y tratándose de una situación impredecible, en la que el ataque o la fuga se valora difícil, las capacidades de la persona, efectivas en otras circunstancias, se ven colapsadas. Este efecto es denominado inundación (o flooding) y suelen aparecer síntomas como la desorientación espacio-temporal, desconexión de la realidad e incluso estado de conciencia alterado. Un ejemplo de este tipo de situaciones sería, la de una educadora social que trabaja en un centro educativo de internamiento de Justicia Juvenil y que vive un motín por parte de los chavales que están cumpliendo ahí su medida judicial, recibiendo diversas agresiones físicas por parte de estos y teniendo la responsabilidad de gestionar la situación junto con el personal de seguridad. Esta persona, muy probablemente, viva un efecto de inundación, quizás en el mismo momento de la experiencia violenta, quizás en diferido después de haber llevado a cabo su tarea de gestión de la situación como responsable del módulo de convivencia.
En los episodios de mayor gravedad, estas experiencias pueden provocar efectos residuales que persisten en el tiempo en diferente medida, que podrían agruparse en la categoría de Síndrome por estrés postraumático que suele cursas con hipervigilancia, irritabilidad, anhedonia, pensamientos intrusivos relacionados con lo vivido…

EXPERIENCIA REPETIDA DE VIOLENCIA

En ocasiones las experiencias de violencia no son aisladas en la vida de las personas. Pueden ser elementos presentes de forma reiterada a lo largo de gran parte de su experiencia vital, o pueden aparecer de forma abrupta en un momento concreto, a partir del cual, se desencadene una serie de episodios de este tipo que configurará su percepción del mundo a partir de entonces. En estos casos, el nivel de amenaza percibido por quien recibe esa exposición también determinará sus efectos.
Nivel de amenaza leve
Cuando se vive una experiencia repetida de violencia que es percibida como una amenaza leve para su integridad, se genera un proceso denominado socialización. Cuando una persona trabaja como teleoperadora ofreciendo un producto o servicio, y a diario recibe insultos o menosprecios por parte de los clientes con los que contacta, es posible que responsa con una normalización de lo que vive en su día a día laboral. No percibe esas situaciones como amenazantes para su integridad física y, dada su reiteración, finalmente considere que se trata de una situación inherente a su desempeño profesional que debe aceptar y sostener sin opción a manifestar su desacuerdo con el cliente o a su empresa.
Nivel de amenaza moderada
En caso de que los episodios de violencia reiterados sean de gravedad moderada, como podría ser la experiencia de un agente de policía que custodia los calabozos de una comisaría y está expuesto a violencia de forma continuada y de diversos tipos (insultos, amenazas…), puede aparecer el denominado fenómeno del lavado de cerebro. En estos casos, la persistencia de violencia no muy extrema pero persistente en el tiempo, genera una percepción de indefensión y de incapacidad de revertirla a la persona que la padece que hace limitar su respuesta, llegando incluso a adoptar una actitud de sumisión. 
Nivel de amenaza grave
Si se trata de un continuo de experiencias violentas y que suponen una grave amenaza para la integridad física de quien la recibe, su efecto más habitual es el del embotamiento o entumecimiento psíquico, generando una desconexión de la propia experiencia personal, de los propios sentimientos. En estos casos puede darse incluso una justificación de la conducta violencia y desarrollar empatía por la persona o personas que ejercen dicha violencia. Un ejemplo de esta situación es la situación de agresiones continuas físicas vividas por una enfermera en una unidad de psiquiatría que atiende crisis agudas, y cuyos pacientes en muchas ocasiones reaccionan de forma violenta con ella en momentos de descompensación. Es posible que desarrolle este embotamiento, llegando a justificar las agresiones por la situación de salud mental de sus pacientes y normalice las experiencias de violencia a las que está expuesta vinculándolas como intrínsecas al desarrollo de su tarea en la unidad.
La exposición a la violencia y la huella que deja en cada uno de nosotros, depende de muchos factores. En esta ocasión nos hemos centrado en aspectos del propio episodio de la violencia, como forma de presentar diversos efectos que pueden aparecer en cada persona que la percibe. Como hemos visto existen diferentes grados de gravedad de dichos efectos, pero todos ellos deben ser atendidos. En caso de vernos expuestos a la violencia en nuestros puestos de trabajo, disponer de las herramientas para la prevención, la identificación y la gestión, son una gran estrategia para garantizar un correcto desarrollo de nuestro trabajo.
En REVERSA somos especialista en la detección de las potenciales exposiciones a los diferentes tipos de violencia en los distintos puestos de trabajo, y desarrollar estrategias para minimizar sus efectos y garantizar un espacio seguro. Si crees que podemos ayudarte en analizar tu servicio, su grado de exposición a la violencia, sus efectos y diseñar una estrategia individualizada para prevenir sus efectos y gestionar su impacto, no dudes en contactar con nosotras en info@reversaconsultoria.com. Si quieres conocernos más antes, puedes saber más de nosotras en www.reversaconsultoria.com
CONSTRUYENDO LA CAJA DE ARENA, una conversación con sus guionistas
QUÉ ES UNA ASESORÍA DE GUION ESPECIALIZADA
Comments are closed.